Los periodistas dicen: “no, yo por allá no voy”, los influenciadores preguntan: ¿cómo está la temperatura?
por Diana Ariza | Ago 24, 2024
Hace quizás una década en Colombia hubo un álgido debate por la llegada de la aplicación Uber. Los taxistas tradicionales (los de los taxis amarillos) se oponían rotundamente a Uber que, amenazaba el monopolio con este tipo de opción. El colombiano del común debía someterse anteriormente a las condiciones, abusos y demás reglas impuestas tácitamente por los taxistas.
La pregunta era: Por qué los usuarios cambiarían un servicio cómodo, seguro, honesto, limpio, ¿por algo desconocido? Fueron los mismos taxistas, con cobros injustos, negación de servicio, inseguridad en general, los que abrieron las puertas para que la competencia llegara “pisando fuerte”, pues en cuestión de meses de la entrada en operación de Uber, y al ver el trafico de esta aplicación, llegaron opciones similares al mercado.
Con este hecho mencionado, como un ejercicio pedagógico, por un momento imagínelo cambiando a los taxistas por periodistas tradicionales (que hacen parte de la nomina de un gran medio) y también cambiando a Uber por influenciadores y periodistas independientes. ¿Qué diferencia encuentra? ¿Mas allá del obvio cambio de los protagonistas?
Permítame responder: nada, absolutamente nada. Dos profesiones que ofrecen un servicio y con potenciales clientes que buscan genuinamente ese servicio en las mejores condiciones. Yo, deje a un lado a los taxis amarillos porque me mame del “no alcanzo, ya voy a entregar el carro”, a diferencia de Uber, que, una vez tomado el servicio, no había forma en condiciones normales para cancelar.
La gente en su mayoría prefiere a Uber mas que por ser “la maravilla”, por el hartazgo con el pésimo servicio de los taxistas amarillos. Nada diferente de porque hoy los Colombianos están dejando de consumir y creer en los medios tradicionales.
Los taxistas se creyeron dueños de las calles, así como hoy los periodistas se creen dueños de la profesión y la verdad. E igual que lo taxistas en su momento, los periodistas tradicionales, (que claramente no son todos, hay muy buenos periodistas de la vieja escuela) con su proceder, han empujado a las personas a buscar otro camino para informarse. Porque si, la llegada al país de un gobierno disruptivo, que ciertamente tiene de donde criticar pero que en paralelo hay muchas cosas buenas más por resaltar, ha destapado la evidente incomodidad por el cambio de las reglas de juego con los periodistas tradicionales.
¿y que a cambiado este gobierno para que incomode a los periodistas tradicionales? Suspendió la multimillonaria pauta que los gobiernos anteriores pagaban a los empleadores de estos periodistas tradicionales, también es inocultable la no posición del gobierno actual, de “complacencia irrestricta” con los banqueros y personas que muchos consideramos dueños del país. Ya solo con estas dos cosas, el gobierno perdió la sociedad que por tantas décadas sostuvo con los periodistas tradicionales.
Esta ruptura ha provocado que los periodistas tradicionales “engaveten” las noticias positivas del gobierno y, lastimosamente recurran en muchos casos a las “Fake News”. No, nadie quiere para el gobierno un comité de aplausos, lo que hay que criticar es indispensable hacerlo, como de la misma forma los avances deben ser divulgados. Este «despilfarro» de la reputación con la que contaban los medios tradicionales usada hoy en desprestigiar el gobierno, es la culpable que una gran mayoría de personas recurran a otros canales para informarse.
YouTube, Facebook, TikTok, Instagram y mochas otras ofertas de medios a través de Internet, han sido para los periodistas tradicionales la perdición. Con perdición me refiero a la perdida de audiencia y credibilidad, porque ya esta a un toque o clic, el trabajo que ofrece un influenciador o periodista independiente para divulgar la información que estos medios tradicionales prefieren archivar y, de esta forma, esquivar también el rio de “Fake News”.
los periodistas tradicionales están dando lo mejor de si (o lo peor quizás), para desprestigiar a estos influenciadores y comunicadores independientes. Con adjetivos como “bodegueros” o creyendo que al llamarlos “influencers”, es una manera de ofenderlos. Pero afortunadamente los números están respaldando a las alternativas. Estos medios tradicionales cuentan con la ventaja que en los sectores mas humildes no hay más que televisión pública, y/o un Internet muy limitado (donde hoy RCN y Caracol son de las pocas opciones disponibles en televisión publica), pero con la fuerza actual de RTVC en cuanto a ofertas en la televisión publica, esto está cambiando.
Este proceder de los medios tradicionales les ha funcionado hasta cierto punto. Personalmente, recuerdo el caso de una doctora forense que es familiar cercana, en una reunión familiar, literalmente dijo “¿si supieron la última de Petro? Va a OBLIGAR a los bancos a entregarle al gobierno el ahorro de todos los colombianos para hacer política” ¿Dónde escucho esto? En Caracol Televisión. Si una persona con este nivel educativo es así de manipulable, de ahí para abajo cualquier cosa podemos esperar. Afortunadamente en este caso, este comentario solo hizo eco en mis suegros que rondan los 70 años, la mayoría allí de inferior edad simplemente ignoraron este comentario.
Entonces, si usted entendió bien el problema que tuvimos hace una década con las opciones de transporte y hoy día no sabe que pensar sobre los medios tradicionales y este gobierno “que va a acabar al país y vamos a quedar peor que Venezuela”. Nuevamente lo invito a que no diga medios tradicionales sino diga Taxistas, y no nombre al gobierno actual sino más bien diga Uber. Salvadas diferencias, entenderá la resistencia al cambio y el porque de tanta gente hoy consumiendo medios alternativos.
Si usted es de ultra derecha, o hace parte de los beneficiarios por herencia o de mano propia de lo ofrecido por gobiernos anteriores, no hay forma de explicarle y acá si puedo entender porque el apoyo irrestricto a Vicky Dávila de Gnecco, Luis Carlos Vélez, Salud Hernández, Néstor Morales, Vanessa de la Torre y tantos otros, que defienden un privilegio… no ejercen una profesión.